martes , 14 septiembre 2021
“EL ANHELO DE DIOS”, Lectio brevis de Mons. Fr. Darío Quinana OAR

“EL ANHELO DE DIOS”, Lectio brevis de Mons. Fr. Darío Quinana OAR

“Esta iniciativa que llevamos adelante ha sido consensuada desde el rectorado y promovida por el vicerrector de la EUT, Lic. Rubén Primo Fernández, y por el Consejo Superior, y tiene la intención de encontrarnos periódicamente para ir fortaleciendo los vínculos de familia y comunidad que caracterizan a una institución formativa universitaria dentro de la Iglesia”, con estas palabras introductorias el rector, Pbro. Dr. Luis Albóniga, dio la bienvenida a todos los asistentes y también al orador, Mons. Fr. Darío Quintana OAR.

Mons. Darío ofreció en la Lectio brevis el tema “El anhelo de Dios”.  Inició su exposición con la cita el Salmo 41: “Así como la sierva busca corrientes de agua, así mi alma te desea Dios mío”. Así, toda persona busca a Dios, y en palabras de San Agustín: “in interiore homine habitat veritas» (“en el interior del hombre habita Dios”).  

A partir de este deseo, Mons. Darío fue desarrollando la reflexión enriqueciéndola con aportes de la vida de este santo, “el gran buscador de Dios”. Modelo concreto y humano para la práctica de la vida cristiana. “Para poder encontrar a Dios hay que buscarlo con mayor ardor”, comenta Mons. Darío parafraseando a San Agustín.

Aquí hizo un paréntesis reflexionando sobre los “falsos buscadores de Dios” con experiencias religiosas que no son católicas o eclesiales. Con el peligro de pasar a ser coleccionistas de experiencias religiosas, sin darnos cuenta de que en Jesús tenemos la alegría verdadera.

Luego reflexionó sobre la oración y la atracción constante del hombre hacia la divinidad, la “attraccio patris” según los teólogos, es este Padre que nos atrae para unirnos en su amor. Y en la oración también ser atraídos por la belleza de Dios presente en la creación. San Agustín señalaba luego de su conversión “si ustedes están gritando la belleza, muéstrenme quién las ha creado”. Belleza que nos habla de armonía y de paz.

De este modo fue desarrollando las inquietudes del corazón humano respecto de la oración y el crecimiento en la esperanza y confianza en Dios. Y, sin dejar de lado esta dimensión individual, rescató la alegría de celebrar en comunidad el misterio cristiano.

Luego reflexionó a partir de la frase agustiniana: «Nos hiciste para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» (Confesiones, I, 1).

Mons. Darío señaló también que “debemos enamorarnos de Dios y recrearnos en Él”. Así, la oración “descubre nuestra verdadera identidad”. Y rescató la expresión agustiniana del hombre como “moneda de Dios”, y como tal señaló que “la imagen que tiene que estar en nuestro corazón es esa imagen de Dios porque así fuimos creados. Por el bautismo somos otros cristos y así en este tiempo sinodal ser discípulos y misioneros de aquel que nos envió a llevar la Buena Noticia. Un Dios que se anima a caminar junto a nosotros en la explicitación de su reino. Somos moneda de Cristo. Allí está la imagen de Cristo, allí el nombre de Cristo, allí la función y los oficios de Cristo”.  Concluyendo destacó que nos debemos dejar construir por Dios, volver a ponernos en sus manos para que Él continúe en nosotros su obra de Creación. Estar convencidos que debemos dejarnos “hacer, modelar por Dios”.

Así invitó a todos a renovar en nuestra conciencia la “memoria Dei”, el recuerdo de Dios. Y reconocer que “todo en la vida del cristiano es un don, todo es gracia”. La dulzura de la gracia, y la insistencia de San Agustín de “vivir en gracia”, esa conversión continua, esa presencia constante de la misericordia de Dios a través del sacramento de la confesión, “Dios nunca se cansa de perdonar, es el hombre el que se cansa de pedir perdón a Dios. Nuestra vida espiritual necesita el aceite de la gracia de Dios que le da un dinamismo inusitado y un vigor para poder hacer lo que Dios espera de cada uno de nosotros”.

Con estas palabras y con el agradecimiento a todos y la animación en el camino sinodal, Mons. Darío invitó a los asistentes a la participación para tener voz por aquellos que no tienen voz. Animó a todos e invitó al cuidado de los más frágiles en las obras de la misericordia, que se ha visto en la acción de los laicos y sus párrocos para ser una Iglesia que ilumine a través de la palabra y doctrina de Cristo y de la compasión de todos por los más débiles. Finalmente sumó a los asistentes a dirigirnos a Dios con la oración del Gloria y dio luego la bendición extensiva a todos para que poder “descubrir en el interior de cada uno a este Dios que sale a nuestro encuentro y poder responderle con un corazón fervoroso”.

Para escuchar la conferencia completa: https://youtu.be/yOsxyZY6p-4

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